In memoriam: Emilio Julio Muñoz Martínez
Nuestro querido amigo, profesor y colaborador con diversos artículos en Elementos, el doctor Emilio Julio Muñoz Martínez, murió el día 9 de febrero de 2016. Julio Muñoz nació en Madrid, España, en 1938. En 1950 llegó a México donde estudió medicina en la UNAM. Entre 1962 y 1965 se incorporó al Instituto de Estudios Médicos y Biológicos de la UNAM, trabajando con el doctor Augusto Fernández Guardiola y entre 1965 y 1970 estudió la maestría y el doctorado en el Departamento de Fisiología y Biofísica del CINVESTAV. Entre 1970 y 1973 realizó una estancia posdoctoral en Estados Unidos con el doctor Motoy Kuno y finalmente, en 1973, se incorporó como profesor al CINVESTAV, donde permaneció laborando hasta el día de su muerte ocurrida luego de más de 50 años de labor científica.
Julio Muñoz fue un incansable promotor del desarrollo de las ciencias fisiológicas en nuestro país y un reconocido investigador en el campo de la neurotransmisión en el sistema nervioso. Fue presidente de la Sociedad Mexicana de Ciencias Fisiológicas en dos ocasiones y promotor del Programa Nacional de Formación de Profesores en el Área Básica (PRONFOPAB) que contribuyó de forma sustancial a la formación de un buen número de profesores y a mejorar significativamente la enseñanza de las ciencias básicas en diversas escuelas del área de la salud en el país, labor que le llevó a recibir el Premio ANUIES por trayectoria profesional o aportaciones académicas en el año 2003, y el homenaje de reconocimiento especial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 2012.
El doctor Muñoz realizó contribuciones científicas relevantes en varios campos de la neurofisiología, con lo que colaboró de forma seminal en nuestra comprensión de diversos procesos, incluyendo el mecanismo de acción de neurotoxinas, los procesos fisiológicos que subyacen al apareamiento, las propiedades de las fibras nerviosas y la integración sensorio-motriz.
Sus primeros trabajos se relacionaron con la neurobiología sensorial, estudiando las entradas de aferentes cutáneos y receptores articulares en la médula espinal. Estudió también las respuestas de las motoneuronas alfa rápidas y lentas a la denervación, así como sus propiedades después de la reinervación. Buena parte de la década de 1980 la dedicó al estudio del mecanismo de acción de la planta conocida popularmente como “tullidora” (Karwinskia humboldtiana). En una serie de al menos 15 trabajos demostró que el fruto de este arbusto produce su efecto debido a un bloqueo de la conducción eléctrica en los nervios motores, secundario a un proceso de desmielinización de los axones motores y en mucho menor grado de los sensitivos. Estas observaciones, aunadas al hecho de la afectación de los axones de más rápida velocidad de conducción permitieron explicar la neuropatía experimental por tullidora y la circunstancia de que la sensibilidad somática se encuentra preservada en niños cuadripléjicos debido al consumo accidental de la planta. Adicionalmente, demostró el fenómeno de transmisión efáptica en modelos animales con desmielinización por tullidora y el hecho de que el tullidinol –principio tóxico activo de la planta– deprime el transporte axonal rápido alterando de forma directa la fisiología neuronal. Abordó también el estudio del papel que tiene la estimulación sensorial (del nervio pudendo) en la actividad eléctrica de neuronas de la médula espinal en diversas respuestas motoras. Sus trabajos llevaron a demostrar, entre otras cosas, que la estimulación sensorial produce una descarga sostenida de las motoneuronas alfa y gama de las extremidades posteriores, que este fenómeno de biestabilidad depende de influencias descendentes y ascendentes sensoriales y que la actividad sostenida de las neuronas participa en el proceso de lordosis en los cuadrúpedos. Demostró asimismo la modulación de la actividad eléctrica de neuronas en la médula espinal por las hormonas sexuales, así como el papel de la integración sensorio-motora en el proceso de apareamiento. Este trabajo derivó en una serie de publicaciones, algunas de las cuales se cuentan entre los mejores trabajos publicados por fisiólogos mexicanos.
Sus trabajos científicos se vieron reflejados en al menos 50 artículos científicos en revistas especializadas y en diversos capítulos de libros. Además, coordinó la publicación de 11 libros entre los que destaca Fisiología. Células, órganos y sistemas, publicado por el Fondo de Cultura Económica en tres volúmenes.
Sirva este breve texto para homenajear al profesor y amigo que fue Julio Muñoz. Sus virtudes fueron evidentes
para todos los que tuvimos la oportunidad de conocerle y entre todas destacaba el que fue siempre un ser humano coherente consigo mismo y fiel a su forma de pensar, hecho que lo hizo un hombre polémico, de opiniones fuertes y siempre bien defendidas. Al mismo tiempo fue un hombre sabio en diversos campos, especialmente, claro está, en Fisiología. En su compleja y muy rica historia de vida, hizo trabajo de alfabetización en una colonia marginal de la Ciudad de México siguiendo la técnica de Paulo Freire, a quien conoció. En esta colonia se hizo amigo del papá de Lupe y Mario quienes fueron su auxiliar y técnico de toda la vida. Además, participó en una caravana de mexicanos que visitó Nicaragua para tomar testimonio de las acciones de los “contras”. De joven fue miembro del equipo de rescate alpino; en una época en que no había ropa tan sofisticada para subir el Popocatépetl, se forraban con papel periódico. En Jantetelco, estado de Morelos, desarrolló junto con su esposa Luz Elena Cabrera Cuarón un pequeño paraíso donde pudieron dar rienda suelta a sus habilidades culinarias y en el que fueron excepcionales anfitriones. Lamentablemente, todo termina, pero tenemos la certidumbre de que, en su caso, al final se trató de una vida bien y justamente vivida.