Lo primero es una montaña roja, un rojo oscuro sangre. Una montaña que
debe haber sido como un imán para los hombres y mujeres de la zona. Con
otras palabras, diría un acontecimiento. En un paisaje agreste, marrón, cubierto
de espinillos, algarrobos, molles y matos; en medio de espinas y flores,
emerge como la palma de una mano ensangrentada, suplicante y amistosa,
el gran cerro de la unidad, de la convocatoria.

 

Cuadernos de Elementos número 7